“Qué importa la sordera del oído cuando la mente oye, la verdadera sordera, la incurable sordera… es la de la mente.” Víctor Hugo.

Toda acción pública puede ser vista como el resultado de decisiones que sólo se pueden entender con la participación de actores y con las relaciones entre ellos. Por eso, la identificación de actores que se articulan en torno a preferencias, objetivos y/o recursos para la formulación e implementación de política pública es un tema prioritario en todo gobierno y es por por ello que se deben detectar y estudiar los actores, para comprender esos procesos de interacción en donde: (1) ningún miembro de la red tiene autoridad absoluta, es decir, todos tienen cierta autonomía (2) las decisiones se toman de manera conjunta a través de comités en niveles múltiples y (3) la red opera a través de decisiones, resolución de problemas, ganancias/pérdidas y/o prestigios compartidos.

Es un proceso complejo y por ello se han hecho numerosas investigaciones que encontraron en el concepto “policy networks” muchas de las características subyacentes de un proceso de hechura de política pública. Y es que la idea de la red sugiere la manera como burócratas, políticos, expertos y representantes de grupos de interés (situados en distintos laberintos de organizaciones públicas y privadas que gobiernan un sector de la política) se conectan los unos con los otros para encontrar, estructurar y definir problemas públicos, discutirlos, analizarlos e idear -algunas veces- los instrumentos para su solución. En un cierto plazo, estas interacciones pueden crear lazos parcialmente institucionalizados hasta el punto de que las conexiones cercanas entre el aparato del Estado y las diversas organizaciones de la sociedad civil borran los límites entre Estado y sociedad y es precisamente la red la que funde lo público y lo privado.

Así, estas redes de política pública son en realidad, los patrones de interacción bajo los cuales se relacionan los actores involucrados, que  son de carácter intergubernamental, interorganizacional y pluriactoral, constituyendo espacios que permiten crear condiciones relativamente estables para gerenciar políticas, administrar programas y gestionar proyectos. Lo que se busca, entonces, es detectar cuáles actores participan en cada proceso complejo de toma de decisiones y/o de formación de política pública.

Sin embargo, todo este bello panorama requiere un requisito previo fundamental: que los participantes unifiquen criterios, acuerden definiciones, compartan procesos y comuniquen planteamientos con los demás miembros. De lo contrario el remedio es peor que el mal y dicho proceso se convierte en dialogo de sordos, monólogo sin sentido o torre de babel, en donde no se entienden entre ellos mismos y aunque sepan lo que quieren y conozcan lo que dicen no lo pueden transmitir. La solución fácil, viable y sencilla es un libro-texto sobre Políticas Públicas que ofrezca las bases mínimas necesarias para estructurar  proyectos en esta nobel disciplina y que como manual sirva de guía y pauta para trabajar, ser actor o participar en esas redes, es decir, hacer política pública. De lo contrario, sería tanto como arar en el mar o sembrar en el desierto…

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